lunes, 9 de julio de 2012

01.02 Cuidado del cabello, manicura y pedicura.

El cuidado del cabello.
Se nos hace extraño averiguar la importancia que daba el pueblo egipcio al aseo y cuidado del cabello. El hombre llevó casi siempre el cabello más o menos corto, salvo durante el Imperio Nuevo donde el gusto por las pelucas hizo furor. Los sacerdotes tomaron la costumbre de afeitarse la cabeza así como todo el cuerpo, en señal de pureza, a partir de la dinastía XIX fue obligatorio.  También se rasuraban el rostro, aunque tenemos ejemplos, sobre todo del Imperio Antiguo, de funcionarios con bigotes. El uso de la barba no era muy habitual aunque también tenemos algún ejemplo, sobre todo en campesinos desaseados y también se la dejaban en señal de duelo. No hay que confundir esta barba, con la  barba que aparecen en estatuas, de  lapizlázuli y era una señal de divinidad.
El gusto de la mujer egipcia por la utilización de las pelucas se remonta a las primeras dinastías. Durante el Imperio Antiguo, estas son de melena corta. Las sirvientas, no utilizaban pelucas, y el pelo de estas es largo.
A partir del Imperio Medio el gusto por el peinado cambia. Se siguen utilizando las pelucas, pero ahora la forma de estas es de rollo, imitando la iconografía de la diosa Hat-Hor.
Una vez más, durante el Imperio Nuevo el gusto, raya la perfección.. Es el  momento de las pesadas pelucas, con pequeñas trenzas, tirabuzones u ondas a media espalda. Muy adornadas con joyería o con simples coronas de nenúfares.
La utilización de las pelucas era un signo de distinción, pero al mismo tiempo, protegía a sus portadoras, de los fuertes rayos solares. En su mayor parte eran de pelo humano, pero también se han localizado de fibra vegetal. Se guardaban en cajas y se han localizado tenacillas con las que ondulaba el pelo y también en alguna de ellas, han sido localizados restos de cera de abeja[5] que se empleaban para fijar las ondas. La misión polaca que trabaja en Deir el Bahari, recientemente ha localizado un taller de pelucas, donde se encontró cuatro vasos de alabastro que contenían mechas de pelo humano; redes de lino en forma de gorro que servían de base para las pelucas y que se ataban a la cabeza[6]; una caja que contenía alfileres de hueso, una punzón de bronce; y fragmentos de dos cuchillos de sílex. Pero el hallazgo más importante es la localización el  mismo taller de un modelo de cabeza en el cual se habían trazado líneas negras que mostraba el contorno por donde debía los diferentes largos de la peluca. También se encontró en el mismo depósito, semillas de dátiles de desierto (Balanites aegyptiaca) de donde se extraía un aceite muy perfumado y muy apreciado en cosmética; un  polvo marrón que seguramente era utilizado para teñir la peluca y un resto ceroso de jabón de sosa duro, que aún tenía propiedades detergentes.
Durante el corto periodo de El Amarna, se vuelve a las pelucas cortas de corte tradicional que adoptará la reina y por consiguiente toda la corte. Pero pasado este momento, las dinastías siguientes volverán a la utilización de la peluca larga.
El gusto tan extendido por el uso de pelucas, nos puede llevar a la falsa idea de que o bien los egipcios eran calvos o que no cuidaban para nada su pelo natural. Nada más lejos de la realidad.
Desde épocas predinásticas, conocemos de la utilización de peines, bien de hueso o madera que se siguieron utilizando durante toda la época histórica.  Estos eran de una o de dos caras, gruesos que permitía arrastrar la suciedad y las liendres. Los piojos, no solamente eran molestos sino que son portadores de enfermedades como el tifus. Por lo que el aseo del pelo estaba muy extendido. Se sabe que los egipcios se lavaban periódicamente el cuero cabelludo y que utilizaban aceites extraídos de la Balanites aegyptiaca, dátiles del desierto, para perfumarlo.
Si a nosotras nos preocupan las canas, a las egipcias también. Se cubrían estas con diferentes remedios: con hena (actualmente se sigue utilizando); la sangre de una vaca negra hervida y mezclada con aceite; o  la grasa de  una serpiente negra. Estos remedios garantizaban que su pelo recuperaba el color negro. Lo que ya no garantizaban es que se le acercase alguien.
Que con tanto mejunje, el cabello se le ha quedado sin brillo y algo áspero. No hay que preocuparse. Se cogen las yemas de los huevos del cuervo negro, se aplican directamente, se dejan nos minutos y a lavar. El pelo recobra todo su negro brillo natural.
Pero si su problema es que sus cabellos son débiles. Tampoco hay problema: Se toma la pata de un galgo hembra, el hueso de un dátil, la pezuña de un burro, se hierve todo en abundante aceite, se deja enfriar y se aplica diariamente durante varias semanas.
Señores, si su problema es la alopecia… No hay problema. La aplicación diaria de una loción aceitosa a partir de aceite de alholva opera milagros.  
·        La manicura y la pedicura.
Tenemos constancia que desde la dinastía XII, tanto los hombres como las mujeres se hacían la manicura y la pedicura y que también utilizaban barniz o laca blanca para decorarlas.

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