lunes, 9 de julio de 2012

01 Egipto

01 Egipto

Con el signo jeroglífico   -nft- representaban los antiguos egipcios el concepto de belleza.
¿Pero que era para ellos la belleza?
¿Tenía acaso el mismo significado que para nosotros tiene actualmente?. Rotundamente no.
La belleza para los antiguos egipcios, era sinónimo de bueno, de hermoso, de armonioso y sobre todo de perfecto.
Ellos, que se consideraban una parte más del ciclo de la vida, no creían ser  superiores  a las otras criaturas de la naturaleza, y  que como ellas, habían sido creados para formar una única parte con el todo.
Según cuenta la tradición, cuando  el dios creador, hizo surgir del caos la luz cegadora del sol e iluminó con sus rayos,  los cielos azules, poblándolos de aves y pájaros. Concibió el Nilo dándole el don mágico de inundar la fértil tierra negra. Depositó en ella las semillas que darían origen a las plantas y a los árboles. Pobló la tierras de hermosos animales. Y que cuando contempló su obra terminada, las lágrimas del dios resbalaron por sus mejillas de satisfacción, al contemplar la belleza de todo cuanto había creado. Estas, cayeron al suelo, y del barro, surgió el hombre.  
Desde los comienzos de su historia tenemos constancia de la preocupación del hombre egipcio por conservar lo más perfectamente y armonioso el cuerpo que le había sido entregado. Esa excesiva y constante evolución en las formas  y en los procedimientos le llevó a desarrollar un conocimiento de su cuerpo, de los medios y formas para conservar a este, lo mejor posible. Por lo tanto, le llevó a desarrollar un conocimiento exhaustivo  de los animales, plantas, y  minerales que le proporcionasen un mayor y mejor bienestar.
Tenemos que aprender a ver la belleza egipcia. Cuando nos enfrentamos a un relieve, a una estatua, a una pintura, tenemos que saber discernir lo que estamos contemplando. No podemos pararnos y decir simplemente que hermoso, que bonito. Cuando por ejemplo nos paramos a contemplar esta hermosa pintura, tenemos que ir más allá de la pura belleza. En primer lugar vemos que el conjunto desprende, armonía. La combinación de los colores, la disposición de las joyas o la simple indumentaria, no está dispuestas por azar. Tenemos también que pensar, que cada uno de los legados que nos dejó el pueblo egipcio, tenía por finalidad cumplir con una función mágica y religiosa.
Observemos por ejemplo los maravillosos ojos de Tjepu. Cuando los hombres y las mujeres del antiguo Egipto se maquillaban los ojos, no lo hacían solamente para resaltar la belleza de los mismos, ni siquiera para cumplir con un fin aséptico. Ya saben que el mesdemet o khol , el contorno negro con el que resaltaban los ojos, y que  lo obtenían  de la galena (sulfuro de plomo) o de la antimonita (sulfuro de antimonio), lo empleaban para prevenir enfermedades oculares, como repelente de moscas y para prevenir el reflejo del sol. Pero además, cuando los egipcios se pintaban los ojos lo que también estaban representando eran los ojos de Horus, es decir, un amuleto con lo que invocaban la protección mágica de su persona.
HIGIENE: El cuidado personal.
Aunque el pueblo egipcio fue un pueblo tremendamente tradicionalista, no se pudo sustraer de las modas, por lo que a cada periodo de la historia de Egipto, le corresponde un gusto preferente por la estética de ese período.
·        El Baño.
El egipcio sabía que tener un cuerpo limpio era igual a saludable. ¿Y hay algo más saludable que sentir el agua fresca reconfortando y recorriendo la piel?
Dado que el medio era hostil, el egipcio frente a lo cabría pensar era un pueblo que se lavaba varias veces al día. No conocieron la bañera como tal, pero sí los beneficiosos efectos de una buena ducha. En las casas de las familias más acaudaladas, los sirvientes atendían a sus señores en los cuartos de baño, pasando el agua a través de una especie de cestillo produciendo un efecto de ducha.
Al atardecer, después de un caluroso día no había nada más tonificante que sumergirse en las frescas aguas del estanque que toda buena casa tenía en la parte central de su jardín.
Pero para la gente que carecía de estos lujos,  se tenía que contentar, a la hora de hacer su aseo personal, con introducirse en una especie de balde o bañera, donde se iba vertiendo el agua con otro recipiente poco a poco. Para lavarse manos y cara, disponían de jofainas. Aunque el común denominador se bañaba en el Nilo, o en canales.
Una limpieza alternativa y que era empleado por las clases menos privilegiadas, por los soldados en campaña, etc... era la de utilizar friegas de arena para arrancar la suciedad. 
·        La hidratación corporal.
Las señoras de las clases privilegiadas, sabían que para mantener la fiel suave y limpia de impurezas, no había nada mejor que los beneficios de un buen peeling. Una receta que recoge el papiro médico Ebers dice: 1 polvo de alabastro, 1 de natrón rojo, 1 sal del Bajo Egipto, 1 de miel[1]. Se mezclaba todo, con la pasta obtenida se untaba el cuerpo, a la cara, o las manos y después se retiraba con agua.
Después de la limpieza corporal, el segundo objetivo era conseguir que la piel no se resecase, manteniéndola, húmeda, suave y elástica. Para ello, la utilización de ungüentos a partir de aceites tanto animales como vegetales era primordial. Para este fin se emplearon grasas de hipopótamos, cocodrilos, gatos o vegetales. También conocieron los beneficios terapéuticos de un buen masaje corporal con aceites y otros ungüentos.
  ·        El desodorante.
  Dada que las altas temperaturas sometían a los cuerpos a una transpiración excesiva, los beneficios de la ducha o limpieza diaria duraba poco. Por eso inventaron el desodorante fabricado a partir de trementina e incienso en polvo[2]. Otra receta, basado también en el mismo principio consistía en incienso, alumbre y mirra[3] que se aplicaba en diferentes partes del cuerpo.
  ·        Los cuidados del rostro.
Mantener un rostro joven ha sido y es la lucha del hombre y la mujer desde la antigüedad.
Para conservarse hermosas, se sabe que la mujer egipcia no se exponía al sol, permaneciendo en el interior de la frescura del hogar. Las campesinas sólo salían a trabajar en los campos en época de recogida de cosecha.
Pero cuando los años pasan y la frescura de la juventud se pierde, y a pesar de que la arruga es bella, las antiguas egipcias, combatieron – como nosotras – a la pata de gallo a muerte.
Al alcance de todo el mundo estaban las semillas de alholva (fenugreek) que era una planta que se utilizaba como forraje. El aceite obtenido de la misma estaba recomendado para la arruga y también para las pecas.
Otra receta que garantizaba la total desaparición de las arrugas de la cara, consistía en mezclar resina de terebínto, cera de abeja, behen fresco, aceite de alholva e hierbas de chipre. Se trituraba todo y se dejaba macerar. Después, una aplicación diaria era suficiente para que obrara el milagro.
Si quieren les repito la receta, pero una nota a pie de página de donde he sacado la receta, dice que no se ha podio comprobar su eficacia pues alguno de los ingredientes no ha podido ser identificado con toda seguridad.
    La higiene bucal.  
Dentro del aseo matinal y también después cada comida, lo egipcios tenía costumbre de realizar un aseo bucal. Este consistía en enjuagues bucales a partir de nitrita o natrón disuelto en agua. Pero si lo que tenían era un problema de halitosis, entonces tomaban una pastillas de kifi que se realizaban a partir de semillas de alholva molidas, mezcladas con incienso, mirra, bayas de enebro, resina de acacia, pasas y miel[4].  

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